FUNDAMENTOS DE LAS POLÍTICAS DE SALUD

Global, intersectorial, preventiva, equitativa, participativa y sobre todo de calidad para todos.

Escrito por: Emilio La Rosa Rodríguez(*)

La pandemia de la Covid-19 ha revelado las vulnerabilidades de la sociedad, poniendo en relieve las deficiencias del sistema de salud en pleno año de celebraciones del bicentenario de nuestra independencia y vida republicana. Hoy, nos encontramos con un país cuyo desarrollo no ha beneficiado equitativamente a toda la población. La peor injusticia que puede existir en toda sociedad humana es la desigualdad social frente a la muerte, porque las causas de esos decesos son de orden social. Se muere por falta de acceso a una atención médica, por carencia de medicamentos y otros insumos necesarios (oxígeno), se muere también por desnutrición, por contaminación del aire y de los recursos hídricos.

Hay todavía mucho que hacer en materia de salud. Sin embargo, la salud va más allá de lo médico-biológico-sanitario, ella depende principalmente del estilo de vida, de lo social (trabajo, vivienda, educación, economía,) y de lo medioambiental (poluciones, biodiversidad, calentamiento climático). El sistema de Salud sigue siendo incapaz de ofrecer un acceso universal y de calidad, debido, entre otras causas, a su dispersión, a la carencia crónica de recursos, a una infraestructura hospitalaria calamitosa, una atención primaria deficiente que tiene graves dificultades para llegar a zonas endémicas (Dengue, paludismo, fiebre amarilla) y erradicar la desnutrición, la anemia y la tuberculosis. Todas estas deficiencias son crónicas y datan de muchas décadas, caracterizadas por un descuido del sector de salud (durante muchos años, el porcentaje del presupuesto de salud con respeto al PIB ha sido uno de los más bajos de Latinoamérica) dentro del marco general de una política de libre mercado abusiva y discriminatoria, cuyas consecuencias se han agravado con la crisis sanitaria actual.

En su alocución al Congreso, el presidente de la república, Pedro Castillo, anunció la construcción de un “sistema de salud universal, unificado, gratuito, descentralizado y participativo”. Proposición loable que necesita de la participación de todos los autores del sistema, incluyendo a los usuarios dentro del marco de una democracia sanitaria. Sin embargo, es importante recordar que las políticas de salud no solamente deben mejorar el sistema de salud, sino también promover otros determinantes fundamentales como el estilo de vida, las condiciones sociales y ambientales. Si tenemos en cuenta estos conceptos, los fundamentos de toda política de salud puede resumirse en los siguientes puntos esenciales:

Debe ser global e intersectorial.

Debe tener en cuenta los determinantes tales como el estilo de vida y las condiciones sociales y medioambientales, que permita priorizar lo preventivo a lo curativo.

Debe estar guiada por los principios de equidad, de universalidad, de solidaridad, de ética, de calidad, de inclusión social y de interculturalidad.

Debe promover la participación ciudadana (democracia sanitaria), la no discriminación, el enfoque de género, la salud como un derecho humano esencial, la transparencia y la lucha contra la corrupción.

Las políticas de salud deben ser globales, intersectoriales y que promuevan un estilo de vida y medio ambiente sanos y una equidad social, porque estos tres factores explican más de 70% de la mortalidad general. En otras palabras, si se desea disminuir la carga de morbilidad y de mortalidad es mucho más eficaz y humano incidir sobre estos tres elementos. Más vale pues prevenir que curar, porque detrás de curar se encuentra todo el sufrimiento humano que acarrea la enfermedad (sin contar los costos económicos).

En el siglo XX, el 20% de los años ganados en esperanza de vida fue debido al acceso universal en salud, es decir al sistema de salud. El 80% restante estaba relacionado con una mejora de las condiciones de vida. Estos hechos nos llevan a afirmar que el acceso universal de calidad es una condición necesaria, pero no suficiente para superar las desigualdades sociales y ambientales en salud.

En el pasado se creía que las desigualdades en salud eran debido a factores biomédicos y sanitarios y no se tenía en cuenta los aspectos sociales y medioambientales, mucho más difíciles de detectar, controlar y modificar, pero que poseen una mayor influencia que el sistema de salud en términos de mejoramiento, prevención y promoción de la salud de la población

El acceso equitativo y universal a la salud es necesario para garantizar la salud de la población, pero no es suficiente. Una verdadera equidad en salud no se logra solo con el acceso y cobertura universal sino con una mejor justicia social y un medioambiente sano.

La mejor estrategia para mejorar la equidad en salud es las de crear las condiciones adecuadas para reducir la “exposición social y medioambiental” a la enfermedad, así como mejorar el sistema de salud. Si los gradientes socio ambientales en salud persisten, la equidad relativa al acceso fácil y a la cobertura universal se limitarán a contener la injusticia social, pero no podrá eliminar o al menos reducir esta injusticia. El resultado es que, a pesar de un mayor y mejor acceso y cobertura para todos, la población que sufre más las desigualdades sociales y medioambientales no tiene garantía de una verdadera equidad en salud ni igualdad de oportunidades.

(*) Emilio La Rosa Rodríguez Doctorado en Antropología y Ecología Humana. Exvicepresidente del Comité Internacional de Bioética de la UNESCO

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