La segunda vuelta y los trabajadores

“Deben los trabajadores, mantenerse vigilantes para defender en esta segunda vuelta al maestro del sombrero campesino y dirigente sindical”

Es la primera vez en la historia del Perú que un trabajador postula a la presidencia de la República, gana en la primera vuelta y se perfila como el ganador de la segunda. Desde su origen, la República peruana ha sido gobernada, casi totalmente, por personajes de raza blanca salidos de las clases propietarias de mayor poder económico. Como había acontecido durante los tres siglos de la dominación hispánica, en la República el poder del Estado siguió siendo ejercido por la casta blanca, enriquecida explotando a los trabajadores del campo y la ciudad. Estos trabajadores eran indios, mestizos, negros y pardos, y estaban totalmente excluidos de la educación, la cultura, la vida política y las actividades más importantes de la economía.

El desarrollo del capitalismo, desde fines del siglo XIX, hizo aparecer a la clase obrera, constituida en un primer momento casi totalmente por mestizos. Luego fueron incorporados a ella los indios y las gentes llamadas de color. Pero la casta blanca rica siguió considerándolos inferiores y con derechos menoscabados y, por esta exclusión, siguió en el monopolio del gobierno. Así y todo, estos trabajadores y sus hijos llegaron a la educación primaria, luego a la secundaria y, desde mediados del siglo XX, muchos
ascendieron a la formación universitaria y se integraron a las clases
trabajadoras, incluida la nueva clase profesional. Uno de esos trabajadores, el hombre del sombrero campesino, alguien como ustedes, aspira ahora a la presidencia de la República, y surge, por eso, como protagonista de un profundo cambio en el Perú.

Esto les plantea ciertos deberes a los trabajadores, tanto durante la campaña que resta para la segunda vuelta, como posteriormente, si llegara a la presidencia de la República. Los trabajadores tienen muchas reivindicaciones pendientes. El estatus legal al que habían llegado con las reformas sociales del gobierno de Velasco Alvarado, desde 1968 hasta 1975, fue menoscabado y reducido por el gobierno de Alberto Fujimori en los diez años que este gobernó y después, con los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski. Todos estos presidentes y sus regímenes acataron las instrucciones y órdenes del poder empresarial, para el cual fueron como sus gerentes de relaciones industriales.

Mañosamente, para consolidar tan lesiva legislación laboral, ciertos dirigentes sindicales, en connivencia con el poder empresarial, lanzaron la idea de volcar toda la legislación laboral en una ley o código general de trabajo, y se pusieron a jugar ese partido amistoso con los representantes de los empresarios. Fue necesaria una denodada labor teórica y práctica, secundada por numerosas bases sindicales, para echar por la borda ese proyecto. Sin embargo, las cúpulas sindicales, volvieron a meterle ese
proyecto a la candidata Verónica Mendoza, quien demostró ignorar todo lo concerniente a las relaciones laborales y la seguridad social, y, con ello, contribuyeron a relegarla al sexto puesto en la primera vuelta, que era lo que el poder empresarial quería. Este no contó con la sinceridad, honestidad y voluntad del candidato trabajador que había planteado las cuestiones económica y social de otro modo.

El maestro había dicho que promoverá sólo la modificación de lo que sea nocivo o inconveniente para nuestro país y su pueblo. De acuerdo con esto, se puede entender que, en materia de relaciones laborales, no se necesita modificar toda la legislación laboral; sino sólo lo que deba ser modificado, tanto en el campo de las relaciones individuales y colectivas, como en materia procesal y la administración pública del trabajo, sobre todo las inspecciones. Corresponde a los dirigentes sindicales y a los profesores de
Derecho del Trabajo, identificar las normas que deban cambiarse o modificarse; ya sea por el congreso de la República, mediante leyes, o por el Poder Ejecutivo, mediante decretos supremos. Igualmente, en materia de seguridad social: la atención de salud y las pensiones.

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Y, con mayor razón ante un escenario constituido por un congreso de la República disperso en 10 bancadas heterogéneas; de las cuales Perú Libre, el movimiento amigo de los trabajadores, sólo cuenta con 37 representantes de un total de 130. No debe perderse de vista que en la Constitución existe la norma parasitaria que posibilita la vacancia del presidente de la República por “incapacidad moral”; una figura jurídica sin definición que les permite a los parlamentarios arrojar de su puesto al
presidente de la República sin motivo o disfrazando cualquier malévola intención con la imputación de incapacidad moral.

Por consiguiente, es deber cívico de los trabajadores movilizarse para que todos sus compañeros, familiares, amigos y la gente de sus barrios y localidades, en la ciudad y en el campo, vayan a votar en la segunda vuelta por el hombre del sombrero campesino; y que no caigan en la trampa del voto en blanco o viciado. Asimismo, que prevengan a todos que la candidata oponente es la carta del poder empresarial para que no haya
ningún cambio en el Perú y para que los sigan explotando y
despreciando a su regalado gusto.

Debe ser deber de los trabajadores, mantenerse vigilantes para defender en esta segunda vuelta al maestro del sombrero campesino y dirigente sindical. Algo más: Mis recuerdos de que las 8 horas de trabajo diarias en el Perú fueron una reivindicación conseguida el 15 de enero de 1919 por una huelga general en Lima y Callao, organizada por trabajadores discípulos de Manuel González Prada. Y que el 1º de Mayo se consagró como el día del trabajador por la Primera Internacional en su reunión de París de 1889; para rememorar a los 5 trabajadores colgados en Chicago, en 1887, por luchar por la jornada de 8 horas.

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